miércoles, 27 de noviembre de 2013

La Fuerza del Fuerte

Mi traducción de The Strenght of the Strong.
Hampton's Magazine, Marzo, 1991.




El viejo Barba-Larga pausó su historia, lamió sus dedos grasientos, y los secó en los costados donde la piel de oso no llegaba a cubrirlo. Agazapados a su alrededor se encontraban tres hombres jóvenes, sus nietos: Corredor-De-Ciervos, Cabeza-Amarilla, y Temeroso-de-la-Oscuridad. En apariencia se veían casi iguales. Unas pieles de animales salvajes los cubrían parcialmente. Todos eran delgados y de construcción pequeña, con caderas estrechas y piernas retorcidas, pero de pecho ancho y pesados brazos con enormes manos. Sus pechos y hombros estaban cubiertos de vello, tanto como en el exterior de sus brazos y piernas. Sus cabezas no se quedaban atrás: estaban enmarañadas con el pelo sin cortar, unos largos mechones que pocas veces se apartaban de sus ojos; Ojos pequeños, brillantes y negros, como los ojos de las aves. 

Era una clara noche estrellada, y frente al grupo, extendiéndose a la distancia, reposaban de rato en rato colinas cubiertas de bósques. Más lejos aun, los cielos resplandecían carmesí por un volcán. A sus espaldas bostezaba la oscura boca de una cueva, por la cual a veces transitaban corrientes de viento. Y justo delante de ellos ardía un fuego. A su lado yacía un cadáver de un oso, ya parcialmente devorado. Y a una distancia ya respetable, varios perros grandes, peludos, con aspecto lobezno. Detrás de cada hombre se hallaban sus arco y flechas. En la boca de la cueva unas cuantas lanzas de fiero aspecto se apoyaban contra la roca. 

"Así fue como pasamos de la cueva al árbol" dijo el viejo Barba Larga.  
Todos rieron vigorosamente, como grandes niños, por la historia que les recordaron esas palabras. Barba-Larga rió también, sacudiendo el ancho hueso de cinco centímetros que atravesaba la mitad de su nariz, añadiéndole una apariencia feroz. De hecho, quizás no dijera exactamente las anteriores palabras, pero su boca hizo algunos gruñidos que vendrían a significar la misma cosa.

"Y eso es lo primero que recuerdo del Gran Valle", siguió Barba-Larga. 
"Entonces eramos un grupo muy tonto. No conocíamos el secreto de la fuerza. Por eso, cada familia vivía por si misma y se cuidaba a si misma. Había un total de treinta familias, pero no tomábamos fuerzas los unos de los otros. Vivíamos con miedo. Nadie jamás hacía visitas. En la cima de nuestro árbol construíamos una casa de hierbas, y en el exterior, sobre una plataforma, teníamos una pila de rocas para arrojar a cualquiera que intentara visitarnos. También teníamos nuestras lanzas y flechas, y jamás caminábamos bajo los árboles de otras familias, tampoco. Bueno, ahora que lo pienso, solo mi hermano lo intentó, una vez; Caminó bajo el árbol del viejo Boo-oogh. Le partió la cabeza, y ese fue su final.

"El viejo Boo-oogh era muy fuerte. Se decía que podía arrancarle la cabeza a un hombre adulto en un santiamén. En verdad, nunca escuché que lo hiciera, pero creo que es solo porque nadie le daba la oportunidad. Tampoco Padre se la daría. Un día, cuando Padre caminaba hacia la playa, Boo-oogh tomó a Madre. Ella no podía correr, ya que el día anterior, cuando salió a la montaña a recolectar bayas, un oso arañó su pierna. Entonces Boo-oogh la atrapó y la arrastró hasta el interior de su árbol. Padre nunca la trajo de vuelta. Él tenía miedo. 
El viejo Boo-oogh le hacía caras. 

"Pero a Padre no le importó. Brazo-Fornido era otro hombre fuerte. Incluso era uno de los mejores pescadores. Pero un día, trepando en búsqueda de huevos de gaviota, calló rodando desde el acantilado. A partir de entonces, jamás recuperó su fuerza. Tosía a menudo, y sus hombros se debilitaron. Así que Padre tomó a la esposa de Brazo-Fornido. Cuando él se acercaba y tosía bajo nuestro árbol, Padre se reía y le arrojaba rocas. Esos eran nuestros modos en esos días. 
No sabíamos cómo unir nuestras fuerzas y volvernos fuertes.

 "¿Tomarías la esposa de un hermano?" demandó Corredor-De-Ciervos.
"Si, si él se hubiera ido a vivir en otro árbol por su cuenta".
"Pero no ya no actuamos así," objetó Temeroso-de-la-Oscuridad.
"Eso es porque le he enseñado mejor a sus padres." 
Barba-Larga introdujo su mano en el cuerpo del oso y sacó un puñado de sebo, que chupó con aire meditativo. De nuevo se limpió las manos en sus costados y continuó. "Lo que estoy contando sucedió tiempo atrás, antes de que conociéramos nada mejor."
"Debieron haber sido unos tontos por no saber mejor," fue el comentario de Corredor-De-Ciervos, junto a los gruñidos de aprobación de Cabeza-Amarilla. 

"Lo eramos, pero incluso pudimos llegar a ser tontos aun más grandes, como verán. No aprendimos, y ésto sucedió: Nosotros, los Comedores-de-Peces, no habíamos aprendido a juntar nuestra fuerza hasta que nuestra fuerza fuera a fuerza de todos. Pero los Comedores-de-Carne, que vivían al otro lado del Gran Valle, sobrevivían juntos, cazaban juntos, pescaban juntos y luchaban juntos. Un día llegaron a nuestro valle. Cada una de nuestras familias huyó al interior de su propia cueva o árbol. En realidad solo habían diez Comedores-de-Carne, pero peleaban juntos, y nosotros peleábamos con cada familia por su cuenta."

Barba-Larga contó largamente con sus dedos.
"Habían sesenta de nuestros hombres," fue lo que pudo llegar a contar con sus dedos y labios combinados. "Y eramos muy fuertes, solamente que no lo sabíamos. Entonces, vimos a diez hombres atacar el árbol de Boo-oogh. Les dio una buena pelea, eso sí, pero no tenía chances. Y seguimos mirando. Cuando un par de los Comedores-de-Carne trataron de trepar al árbol, Boo-oogh se asomó para arrojarles piedras en sus cabezas, cosa que los demás Comedores-de-Carne estaban esperando para poder llenarlo de flechas. Si, y ese fue el final de Boo-oogh.

"Seguidamente, los Comedores-de-Carne acorralaron a Un-Ojo y su familia en su cueva. Armaron un fuego en la entrada y lo obligaron a salir por el humo, así como hicimos nosotros con el oso hoy. Tras acabarlo fueron por Seis-Dedos, subieron a su árbol,  y mientras lo mataban  junto a su hijo, el resto de nosotros corrimos. Llegaron a atrapar a algunas de nuestras mujeres, y a matar a dos hombres mayores que no podían correr más rápido que los niños. A las mujeres se las llevaron junto a ellos al Gran Valle. 

"Después de aquel incidente el resto de nosotros, probablemente porque sentíamos miedo y necesidad los unos de los otros, hablamos del asunto. Fue nuestro primer consejo - nuestro primer consejo de verdad. Y  en aquel consejo formamos nuestra primera tribu, porque habíamos aprendido la lección: De los diez Comedores-de-Carne, cada hombre tenía la fuerza de diez, porque los diez peleaban como un hombre. Ellos habían unido sus fuerzas. Pero de nuestras treinta familias y sesenta hombres, habíamos tenido la fuerza de un hombre, dado que cada uno peleó solo. 

"Fue una gran charla la que tuvimos, y un tanto como complicada, ya que entonces no teníamos las palabras tal como las que usamos hoy. Gusano creó algunas palabras tiempo después, y así lo hicimos los demás de rato en rato. Pero todo se resume en que acordamos juntar nuestras fuerzas y ser como un solo hombre cuando los Comedores-de-Carne vinieran a robar a nuestras mujeres. Y esa era la tribu.

"Establecimos dos hombres en las brechas, uno para el día y otro para la noche, para vigilar si se acercaban los Comedores-de-Carne. Ellos eran los ojos de la tribu. También, día y noche, habían diez hombres despiertos con sus lanzas y flechas en mano, listos para pelear. Antes, cuando un hombre iba a buscar pescado, o almejas, o huevos de gaviota, debía cargar consigo sus armas, empleando la mitad del tiempo en conseguir comida y la otra mitad del tiempo en vigilar por miedo a que algún otro hombre se acercara. Ahora todo eso había cambiado. Los hombres podían salir sin sus armas y emplear el tiempo completo en conseguir comida. Del mismo modo, cuando las mujeres iban a las montañas en búsqueda de raíces y bayas, cinco de los diez hombres las escoltaban. Mientras todo el tiempo, día y noche, los ojos de la tribu vigilaban desde la cima. 

"Pero los problemas llegaron. Los hombres sin esposas querían las esposas de los otros hombres, y existieron muchas peleas entre los ellos. Varias veces alguno consiguió que le aplastaran la cabeza o lo atravesaran con una lanza. Sucedió que mientras uno de los vigilantes se encontraba en la cima, otro hombre le robó su esposa, lo que llevó a una pelea. El próximo vigilante también temió que pudieran tomar su esposa, y bajó del mismo modo. Así mismo, hubieron problemas entre los diez hombres que cargaban las armas y lucharon cinco contra cinco, hasta que algunos corrieron por la costa y los demás corrieron tras ellos. 

"La tribu se había quedado sin sus ojos ni sus guardianes. No teníamos la fuerza de sesenta. No teníamos fuerza en absoluto. Así que celebramos un segundo consejo y creamos nuestras primeras leyes. Yo no era más que un cachorro en ese entonces, pero lo recuerdo. Dijimos que para ser fuertes no debíamos pelear entre nosotros, y armamos una ley según la cual si un hombre mataba a otro sería matado por la tribu. Y armamos otra ley que estipulaba que quien robara la esposa de otro hombre sería matado por la tribu. Dijimos que cualquier hombre con gran fuerza, en caso de usarla para herir a sus hermanos de su tribu, sería matado para que su fuerza no dañe más. Porque si dejáramos a su fuerza herir, los hermanos se volverían temerosos y acabaría por dividirse la tribu, y volveríamos a ser tan débiles como lo fuimos cuando los Comedores-de-Carne llegaron por primera vez y mataron a Boo-oogh.

"Nudillos fue un hombre fuerte, un hombre muy fuerte, y él no reconocía ley alguna. Él solo entendía de su propia fuerza, y en plenitud de la misma fue y tomó a la esposa de Tres-Almejas. Tres-Almejas trató de pelear, pero Nudillos le despegó los sesos. Sin embargo Nudillos había olvidado que cada uno de nosotros habíamos juntado nuestras fuerzas para mantener la ley entre nosotros, y a él matamos, al pie de su árbol, y colgamos su cuerpo en una rama como advertencia de que la ley era más fuerte que cualquier hombre. Porque nosotros eramos la ley, todos nosotros, y ningún hombre era más que la ley. 

"Luego llegaron nuevos problemas, para que sepan, oh Corredor-De-Ciervos, Cabeza-Amarilla, y Temeroso-de-la-Oscuridad, que no es nada fácil armar una tribu. Hay muchas cosas, pequeñas cosas, para las que era muy complicado juntar a todos los hombres para celebrar un consejo. Al final teníamos consejos a la mañana, tarde y noche, y en el medio de la noche. Encontrábamos poco tiempo para salir y conseguir comida, pues siempre había alguna pequeña cosa que resolver, como nombrar dos nuevos vigilantes para que remplacen a los anteriores, o seleccionar cuánta comida debería darse en el reparto a los hombres que sostenían las armas y no tenían tiempo suficiente para conseguir comida por ellos mismos. 

"Nos encontramos en necesidad de que algún hombre se encargara de éstos asuntos, alguien quien fuera la voz del consejo, y quien podría notificar al consejo las decisiones tomadas. Por eso nombramos a Fith-Fith jefe. Él además era un hombre fuerte y muy astuto, que cuando enojaba hacía ruidos con su nariz de esa misma manera, fith-fith, como un gato.

"Los diez que cuidaban a la tribu debieron comenzar a trabajar en a construcción de un muro de rocas alrededor de la parte estrecha de valle. Las mujeres y niños grandes ayudaron, así como otros hombres, hasta que ésta fue lo suficientemente fuerte. Luego, todas las familias salieron de sus cuevas y árboles y construyeron casas de hierbas refugiadas tras el muro. Éstas casas eran amplias y mucho mejor que las cuevas y árboles, y todos se beneficiaron de ello porque el hombre había juntado sus fuezas y formado una tribu. Gracias al muro y a los guardias y vigilantes, había más tiempo para cazar y pescar y recoger raíces y bayas; había más comida, y mejor comida, y nadie tenía hambre. Y Tres-Piernas, así llamado por haber golpeado en sus piernas cuando era pequeño y tener que caminar con un palo -- Tres-Piernas encontró unas semillas de maíz silvestre y las plantó en el suelo del Valle, cerca de su casa. También intentó con unas raíces gruesas y otras cosas que encontró en los valles de las montañas. 

"Por la seguridad en el Gran Valle que daban el muro y los vigilantes y los guardias, y por la abundancia de comida disponible para todos sin luchar para obtenerla, muchas familias vinieron desde los valles de ambos lados de las costas y ambos lados de las altas y negras montañas donde vivían más como animales salvajes que como hombres. 

"Y no pasó mucho antes de que el Gran Valle se llenara, y vivieran en él incontables familias. Pero antes de que ésto sucediera, la tierra, que había sido libre para todos y perteneciente a todos, se dividió. Tres-Piernas lo comenzó cuando plantó maíz. Pero a muchos de nosotros no nos importaba el terreno. Pensábamos que marcar los límites con cercas de piedra era una tontería. Teníamos alimentos en abundancia, ¿qué más podíamos pedir? Recuerdo que mi padre y yo construimos algunas cercas de roca para Tres-Piernas, y recibimos maíz a cambio. 

"Entonces solo unos pocos tenían tierras, y Tres-Piernas tenía la mayoría. Aquellos que habían tomado tierras se las dieron a los pocos que las reservaron, siendo pagados con raíces, y pieles de oso, y peces ue los granjeros conseguían cambiándo a los pescadores por maíz. Y cuando nos enteramos, toda la tierra se había ido.

"Fue alrededor de éstos tiempos en que Fith-Fith murió y Diente-de-Perro, su hijo, fue nombrado jefe. Fue él quien exigió ser jefe de todos modos, dado que su padre había sido jefe antes de él. Incluso se veía a si mismo como mejor jefe que su padre. De hecho, fue un buen líder al principio, y trabajó duro, tanto que el consejo tuvo cada vez menos y menos que hacer. Entonces sonó una nueva voz en el Gran Valle. Era Labio-Torcido. En verdad, nunca le habíamos prestado mucha atención, hasta que comenzó a hablar con los espíritus de los muertos. Terminamos llamándole Gran-Gordo, porque entre la comida en exceso y la falta de trabajo se volvió grande y redondo. Un día, Gran-Gordo nos dijo que él guardaba los secretos de los muertos, y su voz era la voz de Dios. Se volvió gran amigo de Diente-de-Perro, quien comandó que construyéramos una casa de hierbas para Gran-Gordo. Y Gran-Gordo colocó tabúes alrededor de la casa para mantener a Dios dentro.

"Diente-de-Perro cobró más y más importancia que el consejo, y cuando el consejo se quejaba diciendo que nombraría un nuevo jefe, Gran-Gordo hablaba con la voz de Dios, que se negaba. Además, Tres-Piernas y aquellos que tenían la tierra apoyaron a Diente-de-Perro. Por otra parte, al hombre más fuerte del consejo, Lobo-Marino, fue a quien los terratenientes le dieron tierras de formas secretas, junto con muchas pieles de oso y canastas de maíz. Por eso Lobo-Marino reconoció que la voz de Gran-Gordo era realmente la voz de Dios y debía ser obedecida. 
Y poco después Lobo-Marino fue nombrado la voz de Diente-de-Perro.

"Luego estaba Vientre-Pequeño, un hombre pequeño, tan flaco que se veía como si jamás tuviera lo suficiente para comer. En el interior de la boca del río, luego de que el banco de arena hubiera amansado la fuerza del río, construyó una gran trampa para peces. Ningún otro hombre había visto o soñado con una trampa para peces antes de él. Trabajó semanas en eso, con su hijo y esposa, mientras el resto de nosotros nos reíamos de sus trabajos. Pero cuando estuvo pronta, tan solo en el primer día atrapó más peces en ella que todo lo que podía atrapar la tribu entera en una semana, por lo que hubo un gran regocijo en general.

"Había espacio para otra trampa más de peces en el río, pero, cuando mi padre y yo y otra docena de hombres comenzamos a armar una gran trampa, los guardias vinieron desde las grandes casa de hierba que habíamos construido para Diente-de-Perro. Y los guardias nos pinchaban con sus lanzas y nos decían que retrocediéramos, porque Vientre-Pequeño construiría una allí una trampa según la palabra de Lobo-Marino, que era la voz de Diente-de-Perro. 

"Hubieron muchas quejas, y mi padre convocó al consejo. Pero, cuando se levantó para hablar, el mismo Lobo-Marino atravesó su garganta con una lanza y murió. Y Diente-de-Perro y Vientre-Pequeño, y Tres-Piernas, y aquellos que poseían tierras dijeron que estaba bien. Y Gran-Gordo dijo que era la voluntad de Dios. Y después de aquello todos los hombres temieron levantarse en el consejo, y no existieron más consejos. 

"Otro hombre, Mandíbula-de-Cerdo, comenzó a juntar cabras. Había escuchado de ésto entre los Comedores-de-Carne, quienes no tenían ni tierras ni trampas de peces, y no pasó mucho tiempo hasta que obtuvo un gran rebaño. Otros hombres, que no lograron conseguir tierras ni trampas de peces, y que de otra forma hubieran estado hambrientos, estuvieron felices de trabajar para Mandíbula-de-Cerdo, cuidando sus cabras, protegiéndolas de los tigres y perros salvajes, y conduciéndolas a los pastares de las montañas. A cambio, Mandíbula-de-Cerdo les daba carne de cabra y pieles de cabra para vestirse, e incluso a veces podían cambiar la carne por peces y maíz y raíces.

"Fueron por éstos tiempos en los que nació el dinero. Lobo-Marino fue el primer hombre a quien se le ocurrió, y comenzó hablándolo con Diente-de-Perro y Gran-Gordo. Ya verán, éstos tres eran quienes conseguían una dosis de todo en el Gran Valle. Una canasta de cada tres de maíz era suya, un pez cada tres, una cabra cada tres. A cambio, alimentaban a los guardias y vigilantes, y guardaban el resto para si mismos. Incluso cuando se pescaba una gran cantidad de peces no sabían qué hacer con todas sus sobras. Fue por eso que Lobo-Marino puso a las mujeres a hacer dinero con las almejas vacías -- pequeñas piezas redondas, con un agujero a la mitad en cada una, todo armado suavemente. Éstas fueron ensartadas en hilos, y aquellos hilos fueron llamados dinero.

"Cada uno tenía el valor de treinta peces, o cuarenta peces, pero a las mujeres, que hacían un hilo por día, les pagaban dos peces a cada una. Los peces salían únicamente de aquello que Diente-de-Perro, Gran-Gordo y Lobo-Marino no comían. Por eso el dinero les pertenecía. Entonces le dijeron a Tres-Piernas y a los otros terratenientes que tomarían su parte del maíz en dinero, a Vientre-Pequeño que tomarían su parte de los peces en dinero, y a Mandíbula-de-Cerdo que tomarían su parte de cabras y queso en dinero. Por lo tanto, los hombres que no tenían nada y trabajaban para aquellos que si, también serían pagados por dinero. Y con éste dinero compraron el maíz, los peces, la carne y el queso.

"Y Tres-Piernas y todos los propietarios de cosas pagaron a Diente-de-Perro y a Lobo-Marino y Gran-Gordo su parte en dinero. Y todos ellos pagaron a los vigilantes y guardias en dinero, y los guardias y vigilantes compraron su comida con dinero. Y, porque el dinero era barato de fabricar, Diente-de-Perro volvió guardias a muchos más hombres. Y, porque el dinero era barato de fabricar, algunos hombres comenzaron a armar dinero desde almejas por su cuenta. Pero los guardias los atravesaron con sus lanzas y les dispararon flechas, porque estaban intentando romper la tribu. Era malo romper la tribu, porque entonces los Comedores-de-Carne caerían sobre los divididos.

"Gran-Gordo era la voz de Dios, pero aun así nombró a Costilla-Rota sacerdote, por lo que se volvió la voz de Gran-Gordo y comenzó a hacer la mayoría del trabajo por él. Ambos tenían más hombres que les servían. De la misma forma, Vientre-Pequeño y Tres-Piernas y Mandíbula-de-Cerdo no se quedaron atrás, y también consiguieron otros hombres para tumbarse al sol en sus casas de hierba y enviar mensajes para ellos.

"Y más y más fueron sacados los hombres del trabajo, al punto que aquellos que quedaban debieron trabajar más duro que nunca. Parecía que los hombres ya no deseaban hacer trabajo alguno y se esforzaban en buscar alguna manera para que otro trabaje por él. Ojos-Torcidos encontró esa manera. Hizo la primer cerveza cocinada al fuego en base al maíz. Y a partir de entonces no debió trabajar, porque habló secretamente con Diente-de-Perro y Gran-Gordo y los otros maestros, y se acordó que solo él podría prepararla. Pero Ojos-Torcidos no trabajó él mismo. Otros hombres hicieron la cerveza para él, y les pagó con dinero. Luego él vendía la cerveza por dinero, y todos los hombres la compraban. Y debió darles muchos hilos de dinero a Diente-de-Perro y León-Marino.

"Gran-Gordo y Costilla-Rota estuvieron junto a Diente-de-Perro cuando tomó a su segunda esposa, y a su tercera esposa. Decían que Diente-de-Perro era diferente a los otros hombres y que solo incumbía a Dios qué guardaba Gran-Gordo en su casa taboo, y Diente-de-Perro lo decía además, y quería saber quiénes eran ellos para cuestionar cuántas esposas tomaba. Diente-de-Perro tenía una gran canoa, y muchos más hombres que contrató, que no hacían nada más que echarse al sol, salvo cuando Diente-de-Perro iba en la canoa, y debían remar por él. Y él hizo a Cabeza-de-Tigre el principal entre los guardias, de forma que Cabeza-de-Tigre fuera su brazo derecho, y cuando no le gustara un hombre Cabeza-de-Tigre lo matara por él. Y Cabeza-de-Tigre, además, nombró a otro hombre su brazo derecho, y lo comandaba a matar por él. 

"Pero he aquí extraño: mientras los días pasaban nosotros trabajábamos más y más duro, y sin embargo conseguíamos menos y menos que comer.

"¿Pero qué pasa con las cabras y el maíz y las raíces y las trampas de peces?" preguntó Temeroso-de-la-Oscuridad, "¿qué pasa con todo eso? 
¿No había más comida ganada por el trabajo del hombre?"
"Así es," contestó Barba-Larga. "Tres hombres en la trampa de peces conseguían más peces que toda la tribu antes de que hubieran trampas de peces. Pero, ¿no les dije que fuimos tontos? Mientras más comida eramos capaces de conseguir, menos era la comida que teníamos para comer."
"¿Pero no era evidente para ustedes que los hombres que no hacían el trabajo eran aquellos que lo comían todo?" demandó Cabeza-Amarilla.
Barba-Larga negó tristemente con su cabeza. "Los perros de Diente-de-Perro se hartaban de carne, y los hombres que se echaban al sol y no trabajaban rodaban de grasa, y, al mismo tiempo, habían pequeños niños llorando hasta quedarse dormidos con el hambre picando en cada gemido." Corredor-de-Ciervos fue atacado por un impulso de arrancar un trozo de carne de oso y asarlo en un palo sobre las brasas. Lo devoró chasqueando los labios, mientras Barba-Larga continuaba:

"Cuando gruñíamos Gran-Gordo se levantaba, y hablaba con la voz de Dios. Decía que Dios había elegido a los hombres sabios para brindarles las tierras y las cabras y las trampas de peces y la cerveza, y que sin éstos hombres sabios todos seríamos animales, como en aquellos días en los cuales vivíamos en los árboles. 

"Y entonces se levantó uno que fue nombrado cantante de canciones para el Rey. Fue llamado Gusano, porque era pequeño, torpe de cara y extremidades, y jamás había destacado en trabajo u obra alguna. Amaba los peces más selectos, la leche de cabra más fresca, el primer maíz que estaba maduro, y el lugar más cercano al fuego. Y por lo tanto, volviéndose cantante de canciones para el rey, encontró una manera de no hacer nada y volverse gordo. Y cuando las personas gruñían más y más, y arrojaban rocas a la casa de hierbas del rey, Gusano cantaba una canción sobre lo bueno que era ser Comedor-de-Peces. Cantaba sobre cómo los Comedores-de-Peces eran los elegidos de Dios y los mas finos hombres que Dios había creado. Cantaba que los Comedores-de-Carne eran como cerdos y cuervos, y cantaba lo bueno que era para los Comedores-de-Carne poder luchar y morir haciendo el trabajo de Dios, que era matar a los Comedores-de-Carne. Las palabras de sus canciones eran como fuego para nosotros, y clamábamos para ser enviados hacia los Comedores-de-Carne. Y nos olvidábamos de que estábamos hambrientos, y de por qué nos estabamos quejando, y eramos felices por ser guiados por Cara-de-Tigre fuera del Valle, donde matábamos Comedores-de-Carne hasta encontrarnos satisfechos.

"Pero las cosas no estaban mejor en el Gran Valle. La única manera de conseguir comida era trabajando para Tres-Piernas o Vientre-Pequeño o Mandíbula-de-Cerdo; porque ya no habían tierras donde un hombre pudiera plantar maíz por su cuenta. También sucedió que habían más hombres que los que Tres-Piernas y los otros podían emplear. Aquellos hombres pasaron hambre, así como sus esposas y sus hijos y sus madres ya viejas. Cara-de-Tigre dijo que podían volverse guardias si lo deseaban, y muchos lo hicieron,  y por lo tanto no hacían más trabajo que pinchar con lanzas a los hombres que trabajaban y gruñían por alimentar ociosos. 

"Y cuando nos quejábamos, volvía Gusano a cantar nuevas canciones. Decía que Tres-Piernas y Mandíbula-de-Cerdo y el resto eran hombres fuertes, y que es por eso que ellos podían tener tanto. Decía que deberíamos estar aliviados de tener hombres tan fuertes de nuestro lado, o pereceríamos por nuestra falta de valor ante los Comedores-de-Carne. Además, deberíamos estar felices de dejar a hombres tan fuertes con todo el cargo. Y Gran-Gordo y Mandíbula-de-Cerdo y Cara-de-Tigre y el resto decían que era verdad.

"Muy bien,' dijo Colmillo-Largo, 'entonces yo seré, también, un hombre fuerte'. Y consiguió maíz por su cuenta, y comenzó a hacer cerveza y venderla por hilos de dinero. Y, cuando Ojos-Torcidos se quejó, Colmillo-Largo dijo que él era un hombre fuerte, y que si Ojos-Torcidos volvía a hacer otro ruido más le arrancaría los sesos. Ojos-Torcidos tuvo miedo y se reunió y habló con Tres-Piernas y Mandíbula-de-Cerdo. Y todos ellos hablaron con Diente-de-Perro. Y Diente-de-Perro habló con León-Marino, y León-Marino envió a un mensajero para Cara-de-Tigre. Y Cara-de-Tigre envió a sus guardias, quienes quemaron la casa de Colmillo-Largo junto a la cerveza que había preparado. También lo mataron a él y su familia. Y Gran-Gordo dijo que estaba bien, y Gusano cantó otra canción sobre lo bueno que era observar la ley, y lo bella que era la tierra del Gran Valle, y cómo cada hombre que amara el Gran Valle debería seguir adelante y matar a los malos Comedores-de-Carne. Otra vez su canción fue como fuego para nosotros, y dejamos de quejarnos.

"Era muy extraño. Cuando Vientre-Pequeño atrapaba demasiados peces y juntaba una inmensa cantidad que se vendería por poco dinero, arrojaba unos cuantos de nuevo al mar, para que valieran más dinero aquellos que quedaban. Y Tres-Piernas a menudo hacía arder grandes cultivos para conseguir más dinero por su maíz. Y si las mujeres armaban demasiado dinero con las almejas vacías, Diente-de-Perro dejaba de fabricar dinero. Y las mujeres ya no tenían trabajo, por lo que tomaron los lugares de los hombres. Yo trabajaba en las trampas de peces, consiguiendo un hilo de dinero por cada cinco días. Pero mi hermana, que ahora trabajaba conmigo, solo conseguía un hilo de dinero cada diez días. Las mujeres trabajaban más barato, y había menos comida, y Cara-de-Tigre nos sugirió volvernos guardias. Fui solo yo quien no se pudo volver guardia porque era una lástima de una pierna, y Cara-de-Tigre no me contrataría. Y habían otros como yo. Eramos hombres rotos y solo servíamos para rogar por trabajo o cuidar a los niños mientras las mujeres trabajaban.

A Cabeza-Amarilla también le entró hambre por la charla, y comenzó a asar un pedazo de carne de oso en los carbones.
"¿Y por qué no se levantaron, todos ustedes, y mataban a Tres-Piernas y Mandíbula-de-Cerdo y a Gran-Gordo y el resto, y conseguían lo que necesitaban para comer?" preguntó Temeroso-de-la-Oscuridad. 
"Porque no podíamos entender," contestó Barba-Larga. "Había demasiado en lo que pensar, y además, estaban los guardias clavándonos con sus lanzas, y Gran-Gordo hablando de Dios, y Gusano cantando nuevas canciones. Y cuando algún hombre pensaba bien, y lo mencionaba, Cara-de-Tigre y sus guardias lo atrapaban, y era atado a las rocas de la parte baja del río hasta que el agua subiera y terminara por ahogarlo.

"Era una cosa extraña -- el dinero. Era como las canciones de Gusano. Parecía bien, pero no lo estaba, y eramos lentos para comprender. Diente-de-Perro comenzó a acumular dinero. Lo puso en una gran cantidad, en una casa de hierba, con guardias para vigilarlo día y noche. Y cuanto más se apilaba el dinero en esa casa, más caro se volvía, y los hombres debíamos trabajar más tiempo para un hilo de dinero. Además, siempre existía la guerra con los Comedores-de-Carne, y Diente-de-Perro llenó varias casas con maíz, y peces secos, y carne de cabra ahumada, y queso. Y aún con aquella comida apilada en las montañas, nosotros no conseguíamos suficiente para comer. ¿Pero qué importaba? Si nos quejábamos muy alto Gusano cantaba una nueva canción y Gran-Gordo decía que era la palabra de Dios, y que debíamos matar Comedores-de-Carne, y Cara-de-Tigre los guiaba fuera del Valle para matar y ser matados. Yo no era lo suficientemente bueno para ser guardia y volverme gordo en el sol, pero, cuando hacíamos la guerra, Cara-de-Tigre estaba feliz de llevarme. Y cuando habíamos comido toda la comida almacenada en las casas, dejamos de pelear para amontonar más comida.


"Enonces estaban todos locos," comentó Corredor-de-Ciervos. 
"Estabamos realmente locos," acordó Barba-Larga. "Todo era muy extraño. Por ejemplo, Nariz-Torcida. Decía que todo estaba mal. Decía que era cierto que nos volveríamos fuertes juntando nuestras fuerzas. Y dijo que, cuando se formó la tribu por primera vez, estuvo bien que a aquellos cuya fuerza dañara a la tribu debieran ser despojados de su fuerza -- hombres que golpeaban las cabezas de sus hermanos y robaban a sus esposas. Y ahora, decía, la tribu no estaba volviéndose más fuerte, sino más débil, porque habían hombres con otro tipo de fuerza que dañaba a la tribu -- hombres con la fuerza de las tierras, como Tres-Piernas; con la fuerza de las trampas de peces, como Vientre-Pequeño; con la fuerza de la carne de cabra, como Mandíbula-de-Cerdo. Lo que debíamos hacer, decía Nariz-Torcida, era depojarlos de su fuerza dañina; hacerlos volver a trabajar, a todos ellos, y no dejar comer a ningún hombre que no trabajara.

"Y entonces Gusano cantó otra canción sobre los hombres como Nariz-Torcida, que querían volver a vivir en los árboles.
"Pero Nariz-Torcida dijo que no; que no quería ir hacia atrás, sino adelante; y que solo se volverían fuerte juntando todas las fuerzas; y que, si los Comedores-de-Peces se unieran a los Comedores-de-Carne, no habrían más guerras ni más vigilantes ni más guardias, y entonces, con todos los hombres trabajadores que habría, la comida sería tanta que nadie tendría que trabajar más de dos horas al día. 

"Entonces Gusano cantó denuevo, y cantó sobre cómo Nariz-Torcida era un perezoso, e inventó la 'Canción de las Abejas.' Era una canción extraña, y aquellos que la escuchaban se enojaban, como si bebieran una cerveza demasiado fuerte. La canción era sobre un panal de abejas, y una avispa ladrona que intentó ir a vivir con las abejas para robar su miel. La avista perezosa les dijo que no hacía falta trabajar; también, les dijo que deberían hacerse amigos de los osos, quienes no eran ladrones de miel sino muy buenos amigos. Y Gusano cantó en palabras afiladas, para que aquellos que escucharan supieran que el panal era la tribu del Gran-Valle, y que los osos eran los Comedores-de-Carne, y que la avispa perezosa era Nariz-Torcida. Entonces, cuando Gusano cantó que todas las abejas escucharon a la avista hasta que estuvieron a punto de perecer, las personas gruñeron y se agitaron, y cuando Gusano cantó que por fin las últimas buenas abejas se levantaron y le dieron muerte a la avispa, las personas tomaron sus rocas del suelo para arrojarlas a Nariz-Torcida hasta que poco más podía verse de él que una montonera de rocas. Y hubieron muchas personas pobres que trabajaban dura y largamente, sin suficiente que comer, que ayudaron a arrojar rocas a Nariz-Torcida. 

"Y, después de la muerte de Nariz-Torcida, hubo no más que un hombre que se animó a levantarse y decir lo que pensaba, y aquel hombre fue Pelo-Cara. ' ¿Dónde está la fuerza del fuerte?'  preguntó. 'Somos fuertes, todos nosotros, y somos más fuertes que Diente-de-Perro y Cara-de-Tigre y Tres-Piernas y Mandíbula-de-Cerdo y el resto que no hace nada más que comer mucho y debilitarnos, lastimándonos con su fuerza, que no es más que mala fuerza. Los hombres esclavos no son fuertes. Si el primer hombre que encontró la virtud del uso del fuego hubiera usado su fuerza todos hubiéramos sido sus esclavos, como hoy somos esclavos de Vientre-Pequeño, que encontró la virtud del uso de las trampas de peces; y de los hombres que encontraron la virtud del uso de la tierra, y de las cabras, y de la cerveza. Antes, vivíamos en árboles, mis hermanos, y ningún hombre estaba seguro. Pero ya no peleamos entre nosotros. Unimos nuestras fuerzas. Entonces no luchemos más contra los Comedores-de-Carne. Unamos nuestras fuerzas y sus fuerzas. Solo entonces seremos realmente fuertes. Y viviremos juntos, los Comedores-de-Peces y Comedores-de-Carne, y mataremos tigres y leones, y a los lobos y perros salvajes, y pastaremos nuestras cabras en las montañas y plantaremos maíz y raíces en las alturas de los Valles. En esos días seremos tan fuertes que los animales salvajes se escaparán de nosotros o perecerán. Y nada podrá hacernos frente, porque la fuerza de cada hombre será igual a la fuerza de todos los hombres del mundo entero. 

"Así hablo Pelo-Cara, y lo mataron, porque, decían, era un hombre salvaje que quería volver a vivir en los árboles. Era muy extraño. Cuando un hombre se levantaba deseando ir adelante, todos aquellos que se quedaban quietos decían que iba hacia atrás y debía ser matado. Y las pobres personas los ayudaban a arrojarles rocas, y eran tontos. Todos eramos tontos, excepto aquellos que eran gordos y no trabajaban. Los tontos se llamaban sabios, y a los reales sabios le arrojábamos piedras. Los hombres que trabajaban no tenían suficiente para comer, y los hombres que no trabajaban comían demasiado. 

"Y la tribu siguió perdiendo su fuerza. Los niños eran débiles y enfermizos. Y, porque no comíamos lo suficiente, extrañas enfermedades cayeron sobre nosotros, y moríamos como moscas. Y luego los Comedores-de-Carne cayeron sobre nosotros. Habíamos seguido a Cara-de-Tigre demasiado a menudo para matarlos. Y ahora venían a cobrar sangre. Eramos demasiado débiles y  enfermizos para proteger el gran muro. Y nos mataron, a todos, excepto a algunas mujeres, que se llevaron con ellos. Gusano y yo escapamos, y yo me escondí en los rincones más salvajes, y me volví cazador y ya no pasé hambre. Robé una esposa de los Comedores-de-Carne, y me fui a vivir a las cuevas de las altas montañas donde no podrían encontrarme. Y tuvimos tres hijos, y cada uno de ellos robó una esposa de los Comedores-de-Carne. Y el resto ya lo saben, porque, ¿no son ustedes mis hijos?"

"¿Y qué pasó con Gusano?" dijo Corredor-de-Ciervos. "¿Qué pasó con él?" "Se mudó con los Comedores-de-Carne para ser cantante de canciones del rey. Es un hombre viejo ahora, pero él sigue cantando las mismas canciones; y cuando un hombre se levanta para ir adelante, canta que ese hombre está caminando hacia atrás para vivir de nuevo en los árboles."
Barba-Larga sumergió su mano en el cuerpo de oso y extrajo algo de sebo que chupó con sus encías sin dientes.

"Algún día," dijo, limpiándose las manos en sus costados, "todos los tontos estarán muertos y los hombres irán hacia adelante. La fuerza del fuerte será suya, y unirán sus fuerzas, de forma que, de todos los hombres del mundo, ninguno peleé con el otro. No habrán guardias ni vigilantes en los muros. Y como dijo Pelo-Cara, todas las laderas tendrán cabras pastando, y todos los valles estarán plantados con maíz y raíces. Y todos los hombres serán hermanos, y ningún hombre se echará al sol para ser alimentado por sus compañeros. Y todo eso sucederá cuando ya no hayan tontos, y cuando no hayan más cantantes que canten la 'Canción de las Abejas'. Las abejas no son hombres."


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